Pablo Neruda Nobel Literatura 1971
Desde Isla Negra Chile por Alfred Asís
HOMENAJE A PABLO NERUDA NATALICIO 106 EN ISLA NEGRA
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Pablo Neruda nace en Parral un pueblo agrícola del sur de Chile en donde la naturaleza se mezcla con las casas de barro y las arboledas circundan el lugar húmedo típico de inviernos aguerridos y veranos cálidos. Muy pronto al cumplir dos años, después de la temprana muerte de su madre, se va con su padre a vivir a Temuco, una ciudad más al sur en la Región de la Araucanía, aquí se encuentra con panoramas maravillosos entre los lagos, ríos, volcanes y bosques siempre verde, lugares que transita con su Padre en el tren que trabajaba. Pero también se encuentra en una de las zonas más lluviosas del sur de Chile, en donde los techos de tablillas de alerce producían tintineos con el golpear de la lluvia y en las calles circulaban los pequeños cauces barrosos entre adoquines y veredas.
Ingresa al Liceo de Temuco en donde mi tío Ricardo Ferrando, Historiador de la Araucanía, fue su director años mas tarde y desde donde salieron estudiantes que tuve oportunidad de conocer a través de Chile en mis viajes de investigación.
Ya imagino sus ojos ávidos ante tanta vegetación virgen inundando sus primeros momentos de creación. Como no escribirle a tanta manifestación natural de la tierra con esa maestría del poeta que ve más allá de las sombras en cada rincón algo nuevo. Cuantas veces caminó por esos rieles que llevaban las grandes locomotoras a carbón y siguió el ritmo del repiquetear de las ruedas de hierro del gran mastín ferroso. Cuantas aves y animales se cruzaron en su tiempo despertando su timidez y llevándolo a plasmar sus letras.
Luego se encuentra con el mar, ese mar intranquilo de la costa de Puerto Saavedra, de bordes pedregosos y furioso a la vez que iba y venía sin detenerse jamás, ante sus ojos debe haber sido un gran descubrimiento, encontrarse con ese mar abierto en donde su mirada se perdía en el horizonte y de ver el sol que ya no se ocultaba en la montaña sino que en el mar.
Pronto comienza a desarrollar sus textos que se trasladaban vía correo ordinario y muchas veces se demoraban meses en llegar a destino, otro tanto se demoraban en contestar. No es el caso actual en donde en segundos a través de la internet nos comunicamos con nuestros amigos aunque estén en los rincones mas apartados del planeta.
Conocí esas casas lúgubres y frías de calle Maruri en donde llegó desde Temuco a instalarse mientras estudiaba en Santiago y se reunía por primera vez con los bohemios de la ciudad. Maruri aún existe y permanece con sus adoquines antiguos en la comuna de Independencia. Durante muchos años transité por esa calle ya que nací a unas cuadras del lugar en el sector de Vivaceta.
En mis viajes por el sur de Chile me dediqué a investigar la cultura y el turismo pisando las huellas de Neruda, no lo sabía, no conocía al Poeta, ni siquiera me acuerdo de haberlo estudiado en el colegio, ya que en mis tiempos de estudiante este fue borrado de Chile por la dictadura militar. Cuando estuve en Machu Picchu me encontré con un guía Peruano que había estado con el en la ciudadela Inca, este se acercó a mi y me comenzó a hablar de Pablo de como había pisado el pasto y se había acercado a las piedras de los muros y había escuchado hablar a la montaña sagrada.
De vuelta a Isla Negra, quizás en mis pasos por acá cuando era adolescente me crucé con el y no me di cuenta. Dicen los antiguos que cuando Pablo estaba en Isla Negra, caminaba por sus calles muy silencioso, mas le gustaba transitar por sus rincones del jardín y en la playa que daba a las espaldas de su casa.
Ahora está su tumba mirando al mar, ese mar que tanto le gustaba recibiendo las brisas del gélido viento sur, iluminada del sol con el lecho del mar azul.
Ahora por fin lo veo y ya lo conozco, su espíritu está presente en cada rincón de su jardín que miro noche y día. A veces me detengo en las noches silenciosas en mi terraza a mirar su jardín y me pregunto si algunas de las sombras son de el, si el movió aquella rama y si eran sus pasos que sentí al otro lado de la calle. Hay noches que me llaman a contemplar la neblina encantada o la luna besando el mar, hay noches maravillosas y días también que transmito a mis amigos poetas del mundo a través de la red
Alfred Asís